Los expertos políticos de hoy en día

Días como ayer (elecciones de alcaldes y diputados) me recuerdan el por qué, en algún momento, abandoné mi fase de seudo pensador y decidí mejor quedarme solo con mi fase de seudo escritor — escritor de historias y demás.

Todos tenemos nuestros puntos de vista, todos tenemos nuestro de derecho a expresar nuestras opiniones, y díganme si las redes sociales no nos ponen una alfombra roja para hacerlo. Lo que no todos saben o consideran es que al final, estas se basan en nuestra menuda experiencia. Al no darnos cuenta de esto, caemos en el absolutismo y en la generalización.

Lo malo no termina ahí, lo malo es también el feedback o retroalimentación que recibimos de nuestros amigos o seguidores que, por si no lo han notado, muy probablemente comparten una situación social y/o económica similar a la nuestra. Y si tenemos algún amigo o seguidor que opine diferente u opuesto a nosotros, muy probablemente no tratará de corregirnos o hacernos ver su punto de vista gracias al pacto social. Por otro lado, todos aquellos que sí comparten nuestra opinión nos alimentarán el ego con cucharadas de likes, retweets, comentarios, corazoncitos y demás.

Ya podría algún amigo mío decir que el SITRAMSS es el peor de los fracasos, viviendo en Soyapango, por ejemplo, y por supuesto que todos sus amigos o seguidores que viven cerca estarían de acuerdo. Yo, personalmente, no me veo afectado en lo más mínimo por el SITRAMSS, por lo cual simplemente no le tomaría importancia o podría estar incluso en desacuerdo. Pero y qué de aquel que también vive en Soyapango pero que en lugar de ver el problema como tal, busca alternativas y ha encontrado una manera en que no le afecte (tanto) y por ello no se queja o no brinda su opinión sobre cómo todos son unos cómodos al esperar que todo funcione mágicamente y de la noche a la mañana. Cabe aclarar que esto es un ejemplo total y absolutamente random. De igual forma podría poner un ejemplo para el trabajo, la educación, la delincuencia, etc, etc… pero la idea es la misma: No todos vivimos la misma realidad.

Hace días cité a Rucks & Parker sobre su canción “Mi Casa” donde, refiriéndose a El Salvador, dicen que “Nadie sabe nada, pero todos opinan de todo”. Y es la verdad. Siempre hablando de las redes sociales, no conozco a ningún analista político que tenga estudios que le respalden o alguien que trabaje en el estudios e investigaciones sociales… en sí a alguien que pueda respaldar sus afirmaciones “Es que los de ARENA…”, “Es que los del FMLN”, “La izquierda del país…”, “La derecha del país…”, “Los políticos de acá…”. Al final del día, repito, todos tenemos derecho a dar nuestras opiniones, desafortunadamente, en algún momento podemos caer en la equívoca idea que tenemos razón o que estamos en lo cierto.

Lo que sí abunda es el morbo que estas publicaciones pueden generar y el morbo que podríamos incluso buscar en ellas. Ejemplo claro: las formas “creativas” y/o “graciosas” en las que los salvadoreños anularon sus votos. Podría concluir muchas cosas sobre cada una de las cosas con las que anularon las papeletas y sobre las personas que lo hicieron; por ejemplo, podría concluir que estas personas son de las personas que, como dice alguien por ahí, ni hacen y ni dejan hacer. De nuevo, no puedo generalizar, tal vez detrás de esas papeletas nulas están los filántropos y humanistas salvadoreños más grandes que ayudan de forma directa a la comunidad y por ello no creen en el sistema político del país, estoy hablando de hombres y mujeres de bien y de provecho para el país 🙂

Mi mundo ideal sería aburrido. Y es que yo sé que por un momento puede vérsele el lado humorístico a estas cosas pero también existe el riesgo de que se haga tan “popular” que se convierta en una tendencia. En las elecciones pasadas, esto (anular el voto) fue incluso una “representación artística” o algo por el estilo. Y en estas elecciones se vuelven a repetir las mismas frases de la vez pasada: “Voto por Gokú” y “Veni X in the name of El Salvador”. Luego vienen todos aquellos que no votaron o también anularon sus votos y comparten todo esto, pues es gracioso y/o les da ese sentimiento de pertenencia. Luego vienen sus amigos y le dan like o lo re-comparten y esto les hace creer que anular el voto está IN.

Entonces, ¿Estoy con todo diciendo que no deberíamos opinar y expresarnos? ¿Estoy diciendo que es inválida cualquier expresión a menos que sea un sociólogo calificado?

Solo digo que no expresamos y ganar unos likes no nos convierte en pensadores — tampoco estoy diciendo que los pensadores no utilizan las redes sociales — estaría cayendo en una buena paradoja si lo hiciera. Por ello, en cada párrafo aquí escrito he tratado de no generalizar y en su lugar, tratar de dejar el espacio abierto para darle una pensada. (Y no, esto tampoco me convierte en un pensador).

Quizá en el fondo solo quiero resaltar los riesgos a la hora de publicar o compartir algo.

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