Cuerpos Azules

Ya quisiera poder tocar las estrellas,
deslizar mis dedos entre ellas,
diluirlas como nubes,
sentir sus cuerpos fríos.

Pero sí siento sus pesadas miradas,
destellos que viajan tanto,
brillando melódicamente,
cargadísimas de ese secreto tan suyo.

Y que solo la lluvia puede encubrir
con su llanto de infinitas lágrimas.
Otra melodía, siempre en graves.
Melodías perdidas, sin rumbo y sin hogar.

Tangible es en ellas la eterna soledad
del deseo tendido al sol de trascender
donde nunca nadie llegó,
una asíntota, un vacío imperceptible.

Una ilusión, una quimera,
un escenario montado a diario,
donde la primera fila, con suerte, se llena.
Y el tiempo vacía poco a poco.

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Adiós Soledad y hasta el día en que nos volvamos a encontrar

Finalmente tomé el valor de venir,
aquí frente a vos y decirte adiós.

Por una vez, iré al grano. Es tiempo de levitar.
Salir de este universo imposible de olvidar

Donde conocí un sol,
más brillante que la luz.
Un universo que cabe entre mi mano siniestra.

Algún día, no seremos más que dos.
Dos viejos amigos que se vuelven a encontrar

Y me alegrará verte. Te contaré cómo me va.
Y toda la falta que para entonces me harás.

Adiós mi soledad. Hasta entonces nos veremos.
Finalmente tomé valor.

Sólo puedo agradecer tu compañía y simpatía.
Lo aprendido y lo olvidado. Lo que me enseñaste y lo que no.

Adiós soledad y hasta el día
en que nos volvamos a encontrar.

La osa y la estrella

Una luz intensa, quizá la más brillante de todas, acarició suavemente el bosque a su paso. La gran mayoría de criaturas que lo habita no se percató de ello.

Una de las pocas despiertas era Ángela, la osa más joven de su manada. Quien con gran emoción, pensó que se trataba de esos trozos de piedra celestial que caen de vez en cuando. Corrió para averiguarlo. Sus cuatro patas, guiadas por su instinto, la llevaron hasta un cráter. Había cientos, no, miles de pequeños brillantitos esparcidos que irradiaban una paz penetrante para aquel que estuviera cerca. Una sensación nueva para Ángela. Continuar leyendo “La osa y la estrella”

El Espacio Exterior

Me encontré, navegando en una nave espacial.
Rodeado de las estrellas, distantes y tan brillantes.
Muchos planetas, algún cometa y tanta luz alrededor.
Nada parecía real, pero a la vez tangible

Me encontré, buscando a alguien que comparta mis mismos gustos.
Me encontré, en un lugar diferente cada día.
Y me encontré dando vueltas en mi mismo eje Y,
Sobre el mismo punto, sin moverme en lo absoluto.

Y todo para alejarme cada vez más de vos.
Tanto esfuerzo y tanta entrega y tanto llanto y tanta euforia.
Siempre puedo ver de lejos tu galaxia que tanto evado.
Y todo para alejarme.

Me encontré buscando un ritmo y una nota musical.
Que me calme, que me centre, que me devuelva a mí.
Me encontré afuera de mi interior otra vez.
Me encontré en el espacio exterior de mi sol…

Y así me despido de vos…

Mi Luna

Vete directo al centro del mar;
donde no hay nada alrededor.
Y sólo la luna sobre vos,
haciéndote compañía.

Todo está frío y desolado.
Sientes el abrigo de la soledad.
Casi infinito excepto por:
la cálida luna sobre vos.

Y es así como me siento:
Completamente solo en el tormento.
Y solamente tu luz alrededor,
mi luna.

Y es así como te siento:
Cubriéndome de tu amor,
Iluminándome por dentro,
mi luna.

Deja que el oscuro mar te cubra.
Permite al frío hacer lo suyo.
Y correrá el solitario viento,
junto a vos.

Y cada ola es algo nuevo:
Un nuevo dolor que va adentro.
Pero la luna sigue allí,
sobre vos y sobre mí.