Quería escribir una historia feliz.
Comenzó a sondear, buscando inspiración,
y encontró recuerdos, aventuras diarias,
largas pláticas, cálidos silencios.

No quería escribir nuevamente de amor.
Pero solo podía visualizar
un par de ojos cafés, colgando sobre
un par de labios que le saben a miel.

Tal vez si escribiera sobre algo más,
algo externo, ajeno a ellos…
No salió nada del lápiz y el papel,
mientras que, de su boca, sí escaparon…
suspiros. Los de un enamorado.

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Aquella, mi luna

El sol se ocultó de una vez por todas,

permitiéndome así, comenzar de nuevo

con mi nueva rutina, la que termina

cuando este regresa, y aclara todo.

Comienzo por lo obvio, mirando el cielo,

usualmente, nublado por completo.
Y, cuando la lluvia me permite ver,

solo encuentro estrellas a lo lejos.

Entonces me voy, descalzo, hacia a el mar
con la esperanza de ahí encontrar

su rizado reflejo, o al menos

sentir su gentil fuerza en las olas.

Después de fracasar, comienzo a vagar

por cada calle, temiendo lo peor:

Que aquella luna, mi hermosa luna,

ahora brille para alguien más.

Ella, ella, ella

Sus días iniciaban con el deseo
de ella, poderle ver y con suerte, oír.
Sus noches se desvanecían entre
recuerdos y futuros inventados.

Sus ojos, siempre clavados en ella,
y eran los de ella los únicos que
podían detener esa fijación
e inquietar, así, a su espectador.

Su corazón solo pensaba en ella
y su mente solo la amaba a ella.
Y si ella lo notara, alguna vez,
tal vez serviría de algo tal ilusión.

Una sonrisa más

Ella pedía, dentro de sí, en su corazón,
que él sonriera una vez más
y detuviera de esa forma, ese reloj,
que acercaba, con cada tick, el inevitable adiós.

Él no podía sonreír
porque poco a poco, un error
borró una historia de amor
dejando un corazón en blanco para escribir.

Y si ella sonriera…
Tal vez sería la señal
que, dentro de él, tanto espera
para quedarse un poco más.

Pero ella no podía sonreír…
Porque, rapidamente, un error
creó un vacío en un corazón
que nunca nadie podrá llenar.

Por aquellas calles, de arriba hacia abajo,
cantando esas canciones que tanto cantamos,
vistiendo zapatos tan desgastados…
Siento que fue ayer y no hace años.

Nos separamos, seguiste el camino
que te llevó directo a tu destino.
Me quedé atrás y, a mi propio paso,
recogí otros sueños que tenía sembrados.

A pesar del tiempo y de la distancia,
seguimos cantando con toda el alma
aquellas viejas canciones, por separado
y, de vez en cuando, mi amigo,
se siente bien caminar a tu lado.