Escritos, Lírica, Microcuento

Cita

Le preparó su plato favorito
y lo guardó en el baúl, junto al vino.
En el asiento delantero, un obsequio.
Y en sus ojos café miel, muchos nervios.

Vestía la blusa que él más adoraba,
pero ella sabía bien que, esa noche,
sería otra la prenda más contemplada:
la sonrisa inquieta tras ese ocre.

Llegó al lugar y preparó la mesa:
Bajo el cielo abierto, puso con cuidado
un mantel blanco y, sobre este, platos.
Servido en las copas, vino de fresas.

Por último, colgó arriba, en el cielo,
la mejor luna que encontró esa semana
y algunas estrellas por si le gustaban.
Deseaba en su corazón que le agradara,
pues era la primera vez que hacía esto.


Esta es la historia del día 12 de #The100DayProject y mis #100HistoriasCortas. Aquí está la historia del día 11.

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Escritos, Lírica, Microcuento

Abrazos

Sus brazos de hierro la encarcelaron,
en su espalda, entre sí, enredados.
Una vez más y, ahora, para siempre.
Porque no piensa perderla nuevamente.

Habían pasado ocho años, al menos.
Y ningún momento en brazos ajenos.
¿O fueron acaso tan solo ocho días?
Como sea,
era la misma ausencia la que dolía.

Dedos de seda pasearon en hierro,
pues también extrañaban ese cielo.
Y es que las manos hablan muy, muy claro
si el orgullo en los labios calla un “lo siento”.


Esta es la historia del día 7 de #The100DayProject y mis #100HistoriasCortas. Aquí está la historia del día 6.

Escritos, Lírica, Random

Un chico y una chica

Un chico se sienta en la calle, en la oscuridad (solo)
frente a él, una ventana colmada de luz y miel (se abre)
alguien sale y libera un profundo suspiro azul (una chica)
pero algo gris sigue preso ahí, muy dentro de ella (aun)

Él la mira. Sus ojos brillan como cada noche ahí.
Y él desea, tomarla de la mano y escapar así.

Una chica, con el alma encarcelada, necesita paz
Sale a la ventana y envuelta por la fría libertad ahí,
Mira hacia el cielo y le susurra un sueño diario de amor
Si el cielo contestara, su alma no gritara por su corazón.

Finalmente, mira hacia abajo y lo ve ahí.
Apenado, sentado en la calle, vestido de azul.

Él saluda, extiende su mano y su sonrisa a ella.
Finalmente, escapará de la oscura soledad.

Ella mira, un cielo en sus ojos y decide así
liberar su alma del dolor en su dañado
corazón.

Lírica

La Ciudad de Ladrones

¿Quién se ha robado, esta vez, su corazón?
¿Será que simplemente lo extravió?
Lo dejó, quizá, en casa de alguien
Y ese alguien, de esto, no se percató,

De noche, ella se vuelve descuidada.
La ciudad se aprovecha muy fácilmente.
Y ella cae con tantas distracciones.
Son todos, para ella, de color azul.

Ella nunca va a aprender
que con cuidado debe andar
y también a reconocer
en quién puede y no confiar.

Pues cada rostro que ella ve
no muestra otra cosa más
que inocencia y, quizá,
un futuro para (los) dos.

Resulta tan fácil perder algo así
cuando en la mano, lo lleva a todas partes.
Resulta difícil ir a cualquier parte,
cuando lleva algo así, escondido.

Como ella que confiada, con el pecho abierto,
sale y expuestos deja, así, sus sentimientos,
Por estas calles de esta tan bien llamada,
“Ciudad de los ladrones de corazones”.

Hay tanto criminal acá
y como ella, tantas víctimas
que quizá algún día robarán
el corazón de alguien más.

Pero ella ya tomó la decisión
de nunca llegar a tomar
lo que le pertenece a alguien más,
en esta peculiar y gran ciudad.

Y seguirá a diario con
lo que llaman ingenuidad.
Al fin y al cabo, no hay ningún mal
en ofrecer abierto el corazón.

Lírica

Una Tarde de Abril

Sentada, en la sombra gris
de un árbol bajo el sol de abril,
dibujaba sobre papel:
algunas estrellas y un mar;
una sonrisa, en su rostro;
una mirada, sobre él
y todos sus sueños, en las nubes.

Sentado junto a ella está,
planeando hacerla sonreír.
Entre sus manos, una flor,
que guardará en su corazón.
Él le sonríe sin querer…
son besos que quieren volar
y estrellarse, sin pensarlo,
en la sonrisa frente a él.

Sentados, en la sombra gris
de un árbol bajo el sol de abril,
hace muchos años atrás,
se quedaron juntos los dos.
Y cada día, en papel,
dibujan estrellas y el mar.
A las nubes, repletas ya,
ha conquistado su amor.