El Encuentro – 14: Nueva Administración

Una vez inconsciente Luis, los uniformados tomaron una posición más relajada, guardaron sus armas y se acercaron a Álvaro y Laura. Al mismo tiempo, entraban otras tres personas a la habitación: Gaby y dos sujetos, pero no eran sujetos cualquiera, eran los sujetos que estaban en el carro afuera de la casa de Gaby y Álvaro, los mismo sujetos con los que Álvaro había estado soñando estos últimos meses.

Uno de los sujetos les dijo a Laura y a Álvaro que se tranquilizaran que estaban a salvo mientras que un uniformado liberó a Laura de sus ataduras y otro se encargó de Álvaro quien, una vez liberado, corrió y abrazó a Gaby. No le importaba nada más en ese momento, no le importaba si su pesadilla estaba ocurriendo o no. Lo único que le importaba era estar con Gaby en ese preciso momento.

  • “Buenas noches. Pertenecemos a una sociedad un tanto especial” – dijo uno de los dos tipos del auto, quien vestía un traje color negro perfecto – “llamada la Sociedad de Refuerzo para la Fuerza Armada. Quizá nunca han oído de ella”
  • “Sí sabemos, este tipo, Luis, nos habló sobre ella…” – interrumpió Álvaro, quien aún tenía sus brazos alrededor de Gaby, muy apretados.
  • “Entonces venimos un poco tarde” – continuó el tipo del traje – “Sólo me queda aclarar algunas cosas. No puedo entrar en mucho detalle pero les puedo decir que tenemos nueva administración” – el tipo sonrió un poco, quizá esperaba una sonrisa de vuelta pero no la obtuvo – “con esto quiero decirles que no estamos eliminando o como lo quieran llamar a los que desertan o similitudes. Ahora en día, sólo tratamos de asegurarnos que ustedes, los favorecidos, no se aprovechen de esto que comenzó, por razones que quizá no eran las mejores, hace ya muchos años. Por eso estamos aquí. Realmente, a estas alturas, después de tantos y tantos años, es muy difícil seguirle el rastro a todos ustedes, no siempre podemos evitar que sucedan cosas pero hoy llegamos, digamos, a tiempo”

A Álvaro le costaba un poco digerir esto, pero él sabía en el fondo que no era por otra razón más que su temor, creado por sus pesadillas de estos meses. Gaby no comprendía mucho lo de la sociedad. Álvaro le dijo que después le explicaría; mientras tanto, el agente de la Sociedad continuó explicándoles sobre cómo habían descubierto los planes de Luis y cómo habían dado con él: gracias al internet y todos los correos electrónicos que mandaba y recibía y las búsquedas que constantemente realizaba sobre habilidades especiales. A pesar del gran número de favorecidos, la Sociedad trataba de mantener los ojos bien abiertos ante cualquier fenómeno de este tipo de habilidades, y eso iba desde las actividades diarias de los salvadoreños, que la Sociedad pueda controlar, hasta las noticias más raras que se publiquen en los medios de comunicación nacionales.

Los uniformados se llevaron a Luis. A Álvaro no pareció importarle, pero Laura preguntó sobre qué pasaría con él. El de la Sociedad se negó a brindar esa información pero sí les pudo decir que se lo llevaban a un lugar seguro, seguro para todos. Después unos momentos más, el agente les ofreció llevarlos a sus respectivas casas. Los tres temían un poco y lo demostraban en sus rostros. Al ver esto, el otro agente de la sociedad les dijo, con empatía entre sus palabras, que no había que temer. Los hermanos y Gaby sintieron un poco más de calma y accedieron.

Al salir de la casa de Luis, se dieron cuenta que habían más hombres de la Sociedad trabajando en la casa, quitando el rótulo de la clínica y preparándose para pintar la casa. Nadie hizo pregunta alguna, quizá no les contestarían y además, era lógico lo que estaban haciendo.

Llegaron a la calle y habían dos vehículos, vehículos que le traían recuerdos y quizá un poco de temor aún a Álvaro. En uno se iría la pareja y en el otro Laura. Para despedirse, uno de los agentes les dijo que no se preocuparan, que nunca volverían a saber sobre Luis. Tampoco volverían a saber sobre la Sociedad, siempre y cuando se mantuvieran alejados de problemas. Álvaro se despidió de Laura y se dirigió al vehículo que lo llevaría a casa. Gaby entró al vehículo y justo antes que Álvaro entrara, Laura lo llamó. Se dirigió a él y le dijo que le gustaría que se volvieran a ver algún día, para charlar o algo, para conocer a su hermano. Álvaro no había pensado en ello pero le pareció bastante la idea, le alegró. Intercambiaron números de teléfono y se despidieron con un abrazo.

Cinco minutos después, ambos carros iban en camino a diferentes destinos de San Salvador. Uno de los agentes le preguntó al otro que si aún estaba seguro de lo que hacían, el otro le respondió que sí, que podían confiar en ellos, que eran buenas personas y que no importara lo anormal que fuera la situación o cuán fuerte de la adversidad, seguirían siendo las mismas buenas personas. El otro agente asintió la cabeza, sabía que su compañero tenía razón. Sólo esperaba que sus superiores estuvieran de acuerdo con dejarlos libres también; en el mejor de los casos, sólo se les mantendría la vigilancia en sus vidas diarias, como lo habían estado haciendo desde hace muchos años.

« Capítulo XIII

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