Recuerdo 4 – Cómo se conocieron

El Parque San José es uno de los primeros parques que tuvo la ciudad de San Salvador, y desde donde se iniciaban los caminos que llevaban hacia Ciudad Delgado y Soyapango, hoy municipios muy populosos; un verdadero símbolo histórico de la capital en donde un día estuvo imponente la estatua de José Matías Delgado.

Hacía unos quince años, Diego tenía ocho años. Por esas cosas de la vida (el azar de la vida como le llama Carlos) Diego perdió a su madre, quien luchó fuertemente contra los escasos recursos que le rodeaban. Un día llovioso, Diego, quien vivía en las calles después de perder a su madre, llegó a refugiarse a un kiosco de libros en el Parque San José. El dueño del kiosco, Carlos, lo recibió dulcemente con una sonrisa. No sólo le ofreció protección de la lluvia sino también algo de comer.

Después de comer y aprovechando la eternidad de la lluvia de ese día, el pequeño Diego comenzó a curiosear los libros infantiles que tenía Carlos en su kiosco. Diego iba a primer grado cuando su madre murió y no lo pudo terminar. Le costaba leer un poco. Carlos con gran paciencia y ternura le dio algunos pequeños consejos.

Junto con la tarde, la lluvia se fue apagando. Mientras Carlos se preparaba para cerrar el kiosco e irse para su casa, Diego le agradeció por todo y se fue corriendo. Carlos lo invitó a regresar a leer cuando quisiera. Mientras el niño se perdía entre todas las personas que salían de sus trabajos, la señora del cafetín de la par le dijo a Carlos que para qué le ayudaba al niño ese, que de seguro era un huelepega. Carlos le dijo que no, que era un buen niño.

De menos a más fue la consistencia con la que llegaba Diego al kiosco. A mediados de ese año, Carlos llevó a la escuela a Diego, quien con ayuda de Carlos y la de todos sus libros, iba un poco más avanzado que el resto de niños de segundo grado. Diego dormía en una iglesia cerca del centro de San Salvador, pero comía y se mantenía siempre con Carlos. Una vez cumplió los dieciocho años de edad, Diego decidió comenzar a trabajar. Carlos se opuso pues preferiría que sacara un título universitario pero Diego le insistió y le prometió sacar un título universitario pero más adelante, que primero necesitaba comenzar a ganarse la vida. Carlos, le consiguió un empleo con un amigo en La Prensa Gráfica, como repartidor de periódicos. Un par de meses después, Diego dejó la iglesia que siempre fue su hogar y se fue a vivir a un acogedor apartamento relativamente cerca de la casa de Carlos.

Hace dos años, el día del cumpleaños de Diego, Carlos le contó su pequeño gran secreto. Diego es de los pocos, fuera de La Gran Familia, que lo saben ya que no es algo que se le cuenta a cualquiera.

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