Cuento / Historia, Escritos, Microcuento, Random

Reflejo

Su nuevo día iba bastante bien hasta que sus ojos, como los de cualquiera, fueron encantados, atraídos por esa ventana. Seducidos por ese cristal en la pared.

Se acercó a él y su expresión cambió al ver cada detalle. Sus ojos recorrían centímetro a centímetro —y si fueran los de antes, lo harían milímetro a milímetro— el contorno de su rostro: desde el más alto de sus cabellos hasta sus ceñidos labios, donde una sonrisa acaba de fallecer.

“¿Qué me has hecho?” acusó al cuadro frente a él.

Su mirada siguió las grietas bajo su boca, en sus mejillas, a los lados de su nariz y, en especial, esas que parecen florecer en las esquinas de sus ojos. Por inercia, esos ojos oscuros se encontraron con sus dobles frente a ellos y a pesar de todo lo que sus labios y  esas hendiduras expresaban, ellos decían algo más.

En ellos encontró un brillante orgullo que solo él entendía, la respuesta a esa pregunta y la resurrección de su sonrisa.

Anuncios