El centro de mi ciudad

Esta mañana, salí a caminar.
Recuerdo cruzar donde siempre cruzo.
Dos cuadras después, ya estaba perdido.
Perdido en mi propia ciudad.

Miré alrededor, en busca de algo.
Si me lo preguntás ahora, pues, yo,
yo no te sabría decir el qué fue.
Pero te puedo decir que no ayudó.

Un poco después, miré hacia arriba,
buscando entonces alguna señal.
Y fue cuando la encontré que descubrí
que todas estas calles llevan a ti.

Porque eres el centro de esta ciudad
y todas las rutas inician en ti.
Y sin importar por donde cruce yo,
el camino siempre me lleva a ti.

Y a pesar de saber esto,
que yo aquí siempre vendría,
regresé a ti corriendo
y no volveré a salir sin ti.

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Una vez más, le rompió el corazón

Le quedó claro en ese momento
que, una vez más, le rompió el corazón.
Tenía que alejarse lo suficiente
para que esa fuera la última vez.

Cruzó todo salón a toda prisa,
parecía saber a dónde iba.
La verdad es que estaba perdida,
pero sabía dónde no quería estar.

Cruzó la ciudad en plena soledad.
Y así como la noche despejaba,
de transeúntes, las calles, ella deseaba
ordenar sus dispersos pensamientos.

Y así como él cruzó tantas líneas,
ella siguió: sin ver hacia adelante.
Borrándose en las calles y tratando
de borrar lo que hoy es un recuerdo.

Sobre inspiración

Creo que una buena parte del arte, en cualquiera de sus formas, es derivado del arte de alguien más.

Creo también que ya he dicho esto antes, en algún momento.

No digo que nosotros, los artistas —o por lo menos, nosotros, que nos auto llamamos artistas—, no seamos capaces de crear algo puramente propio y jamás visto, escuchado, sentido o experimentado. Solo digo que estamos constantemente siendo influenciados por… bueno… todo y ese todo incluye el arte de alguien más: de nuestros artistas favoritos y de aquellos que no paran de sonar en la radio o de aparecer en nuestras redes sociales o, en general, aquellos que son tendencia de una forma u otra. Sigue leyendo «Sobre inspiración»

Un chico y una chica

Un chico se sienta en la calle, en la oscuridad (solo)
frente a él, una ventana colmada de luz y miel (se abre)
alguien sale y libera un profundo suspiro azul (una chica)
pero algo gris sigue preso ahí, muy dentro de ella (aun)

Él la mira. Sus ojos brillan como cada noche ahí.
Y él desea, tomarla de la mano y escapar así.

Una chica, con el alma encarcelada, necesita paz
Sale a la ventana y envuelta por la fría libertad ahí,
Mira hacia el cielo y le susurra un sueño diario de amor
Si el cielo contestara, su alma no gritara por su corazón.

Finalmente, mira hacia abajo y lo ve ahí.
Apenado, sentado en la calle, vestido de azul.

Él saluda, extiende su mano y su sonrisa a ella.
Finalmente, escapará de la oscura soledad.

Ella mira, un cielo en sus ojos y decide así
liberar su alma del dolor en su dañado
corazón.

Reflejo

Su nuevo día iba bastante bien hasta que sus ojos, como los de cualquiera, fueron encantados, atraídos por esa ventana. Seducidos por ese cristal en la pared.

Se acercó a él y su expresión cambió al ver cada detalle. Sus ojos recorrían centímetro a centímetro —y si fueran los de antes, lo harían milímetro a milímetro— el contorno de su rostro: desde el más alto de sus cabellos hasta sus ceñidos labios, donde una sonrisa acaba de fallecer.

«¿Qué me has hecho?» acusó al cuadro frente a él.

Su mirada siguió las grietas bajo su boca, en sus mejillas, a los lados de su nariz y, en especial, esas que parecen florecer en las esquinas de sus ojos. Por inercia, esos ojos oscuros se encontraron con sus dobles frente a ellos y a pesar de todo lo que sus labios y  esas hendiduras expresaban, ellos decían algo más.

En ellos encontró un brillante orgullo que solo él entendía, la respuesta a esa pregunta y la resurrección de su sonrisa.