Abrazos

Sus brazos de hierro la encarcelaron,
en su espalda, entre sí, enredados.
Una vez más y, ahora, para siempre.
Porque no piensa perderla nuevamente.

Habían pasado ocho años, al menos.
Y ningún momento en brazos ajenos.
¿O fueron acaso tan solo ocho días?
Como sea,
era la misma ausencia la que dolía.

Dedos de seda pasearon en hierro,
pues también extrañaban ese cielo.
Y es que las manos hablan muy, muy claro
si el orgullo en los labios calla un “lo siento”.


Esta es la historia del día 7 de #The100DayProject y mis #100HistoriasCortas. Aquí está la historia del día 6.

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