La Ciudad de Ladrones

¿Quién se ha robado, esta vez, su corazón?
¿Será que simplemente lo extravió?
Lo dejó, quizá, en casa de alguien
Y ese alguien, de esto, no se percató,

De noche, ella se vuelve descuidada.
La ciudad se aprovecha muy fácilmente.
Y ella cae con tantas distracciones.
Son todos, para ella, de color azul.

Ella nunca va a aprender
que con cuidado debe andar
y también a reconocer
en quién puede y no confiar.

Pues cada rostro que ella ve
no muestra otra cosa más
que inocencia y, quizá,
un futuro para (los) dos.

Resulta tan fácil perder algo así
cuando en la mano, lo lleva a todas partes.
Resulta difícil ir a cualquier parte,
cuando lleva algo así, escondido.

Como ella que confiada, con el pecho abierto,
sale y expuestos deja, así, sus sentimientos,
Por estas calles de esta tan bien llamada,
“Ciudad de los ladrones de corazones”.

Hay tanto criminal acá
y como ella, tantas víctimas
que quizá algún día robarán
el corazón de alguien más.

Pero ella ya tomó la decisión
de nunca llegar a tomar
lo que le pertenece a alguien más,
en esta peculiar y gran ciudad.

Y seguirá a diario con
lo que llaman ingenuidad.
Al fin y al cabo, no hay ningún mal
en ofrecer abierto el corazón.

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Una Tarde de Abril

Sentada, en la sombra gris
de un árbol bajo el sol de abril,
dibujaba sobre papel:
algunas estrellas y un mar;
una sonrisa, en su rostro;
una mirada, sobre él
y todos sus sueños, en las nubes.

Sentado junto a ella está,
planeando hacerla sonreír.
Entre sus manos, una flor,
que guardará en su corazón.
Él le sonríe sin querer…
son besos que quieren volar
y estrellarse, sin pensarlo,
en la sonrisa frente a él.

Sentados, en la sombra gris
de un árbol bajo el sol de abril,
hace muchos años atrás,
se quedaron juntos los dos.
Y cada día, en papel,
dibujan estrellas y el mar.
A las nubes, repletas ya,
ha conquistado su amor.