Dragón Ojos Verdes

Con el último poco de aliento, Sir Williams logró rodear el pilar de piedra que le protegería de la llamarada del Dragón Ojos Verdes. Alzó su escudo a la altura del rostro en el momento justo que el dragón le atacó con su aliento de fuego.

Sir Williams estaba dispuesto a darse por vencido pues ya no podía correr más; estaba demasiado cansado. Moriría de pie y de frente al dragón. Esperó unos instantes mientras el dragón llegaba al pilar. Aun agitado por su inútil huida, salió de su escondite, dejó caer el escudo, tomó su espada con ambas manos y la alzó mientras gritaba su nombre completo “Sir Robert Williams Tercero De Romiux”.

El dragón entonces inhaló fuertemente, haciendo su cabeza hacia atrás y extendiendo todo su rojo, escamoso y largo cuello. Estaba a punto de convertir en carbón a su adversario cuando una cadena se enredó en su hocico y lo haló hacia su lado izquierdo. “CORRÉ!” Dijo una voz muy peculiar, una voz que incluso en los peores momentos como este dibujaban una enorme sonrisa sobre el rostro de Sir Williams.

La distracción fue suficiente para que él pudiera escapar del dragón. De reojo trataba de ver a su fiel compañera, quién no sólo le acababa de salvar la vida, sino le brindó dos pulmones llenos de nuevo aliento para continuar en su lucha actual. De pronto, todo volvió tan fácil para él, podía ver todo tan claro, calculó cada paso, cada posible salida, incluso un diseño un plan para acabar con el maldito dragón de una vez por todas. Pero no lo haría. Era demasiado riesgoso comparado con el plan de huida. Al llegar a un lugar más seguro, le hizo señales a su compañera para se encontraran en un enorme ventanal sobre él y su compañera, Lady Celinx entendió la indicación y la siguió inmediatamente, al momento justo que el dragón comenzó a seguirla.

Miles de aventuras han pasado juntos, y él sabe la capacidad que ella tiene pero aunque pasen otras miles de aventuras más, él jamás dejará de preocuparse y este justo momento era uno de esos donde el corazón lucha por salirse de su pecho; momentos donde sin querer se queda congelado, observando cómo su Lady lucha por su vida con esos ojos llenos de luz y casi nula preocupación, pues ella confía en todos y cada uno de los planes de su caballero crea… e incluso aquellos que no funcionan tan bien, ella participa con mucho gusto.

Ira y seguridad en los ojos del dragón, clavados hacia arriba, en el segundo piso del infinito pasillo donde se encontraba luchando con estos seres que han interrumpido en su castillo, el cual temblaba con cada paso que daba. Si tan solo no hubiera tenido fija su mirada en su presa, el dragón no hubiera caído en la trampa que Sir Williams había planeado… un enorme hoyo en el suelo, suficientemente grande para que al caer el dragón en él, quedara atorado el tiempo suficiente para que nuestros héroes pudieran escapar finalmente de la mortal trampa que ese castillo representa con el dragón adentro.

Sir y Lady juntos al fin. Vivos los dos, como siempre, un día más. Él frustrado por no haber podido recuperar el preciado objeto que buscaban. Ella cansada pero contenta de poder compartir el mismo aire de nuevo, contenta de haber vivido una aventura diaria más junto a él. Montaron sus caballos y cabalgaron toda la noche hasta su destino: mañana.

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