El Encuentro – 11: Fórmula 13-R

  • “Nadie sabe el porqué de nombre…” – decía Luis – “…y realmente no importa. Es lo que le inyectaron a unos cuarenta o cincuenta soldados de la Fuerza Armada en diciembre de mil novecientos setenta y siete. Como resultado se obtuvieron unos seis muertos, treinta y cinco personas con los resultados buscados y en el resto, la fórmula no tuvo efecto alguno. Los resultados que buscaban era-”
  • “¡¿Y qué tiene que ver con nosotros?!” – Interrumpió Álvaro, desde la camilla en las que se encontraba con las manos atadas y los ojos vendados  – “¡¿Para qué nos tenés aquí?!”
  • “Ya vas a entender. Tené paciencia. Los resultados que buscaban, bueno, el resultado que esperaban era darle cierta ventaja a la Fuerza Armada para derrotar fácilmente a los revolucionarios de aquel entonces. Algo que significara una victoria segura y que podrían ocultar fácilmente. Traducido, buscaban darle habilidades especiales a los soldados. Habilidades como las tenemos vos, vos y yo.” – Dijo mirando a Laura y luego a Álvaro, quienes se sintieron aún más vulnerables al escuchar la revelación – “Los cincuenta soldados eran la prueba piloto. Se supone que no pasó a más ya que la Fuerza Aérea no apoyó el proyecto por tener demasiada confianza en sí mismos. Años después se vieron en la necesidad del proyecto pero era demasiado tarde para ponerlo en marcha. Desafortunadamente, eso es todo lo que sé. No conozco mayor detalle ya que todo eso que les digo sólo lo he leído en documentos de alta privacidad.”

Luis tomó asiento en la silla de cuero negro que estaba frente al escritorio. Sobe el escritorio había una agenda, una bandeja de entrada con unas cuantas hojas, un teléfono con los números ya borrosos y una pluma negra con decoración dorada. Era un cuarto un poco oscuro con libreras tres de las cuatro paredes. Era la clínica de Luis, quien siguió: “Uno de los soldados en los que tuvo éxito el experimento era el cabo Gerardo Gutiérrez. Nuestro padre.”

Un silencio inundó el cuarto rápidamente. Ni Laura ni Álvaro se sorprendieron. Ninguno de los dos tenía buenos recuerdos de quién o cómo era su familia antes de separarse hace ya muchos años. Lo poco que recordaban era que sus hermanos tenían algo como ellos, algo especial.

“Tal vez no lo recuerden bien pero así pasó. Somos hermanos. Creo que nuestro papá tenía otro nombre para cuando éramos familia. Yo soy el mayor; vos, Álvaro, el de en medio y Laura la menor. Fuimos separados simplemente por los conflictos de guerra. Nos tuvimos que ir a lugares diferentes cada uno y desafortunadamente perdimos contacto el uno con el otro. Me sorprendería que recordaran todo esto si eran muy pequeños cuando nos separamos más o menos en el año noventa. Creo que Álvaro tenía siete años y Laura seis. Yo tenía doce.” – Por un momento, Luis cambió su expresión como imaginando algo, mostró una pequeña sonrisa en la esquina de su boca y continuó – “Dos años más y quizá nunca nos hubiéramos separado, pero nuestra familia ya corría demasiado riesgo por tener a un militar en ella.”

Miles de pensamientos corrían por la cabeza de cada uno de los tres hermanos. Después de un momento, Laura preguntó con duda sobre el motivo de estar atados. Álvaro tenía la misma duda pero no dijo nada ya que presentía que esto era algo más que una reunión familiar.

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