Recuerdo – 1: Una Noche Fría

La cuenca del río Acelhuate comprende los siguientes municipios: Antiguo Cuscatlán, San Salvador, Nueva San Salvador, Mejicanos, Soyapango, Ciudad Delgado, Cuscatancingo, Ayutuxtepeque, Tonacatepeque, Guazapa, San Martín, Apopa, Nejapa, Aguilares, San Marcos, Suchitoto, San José Guayabal y Oratorio de Concepción.

La noche era fría y el cielo estaba despejado. Carlos lo miraba de vez en cuando y recordaba algún ensayo de Alberto Masferrer donde se menciona la forma única en que se aprecian las estrellas en nuestra región, en Centroamérica. El resto del tiempo, bajaba la mirada para no tropezar. Al bajar la mirada, recordaba lo cristalino y hondo que una vez fue el río Acelhuate, sobre el cual caminaba, no, sobre el cual corría está noche.

Carlos se encontraba con todo tipo de basura: residuos de comida, pañales sucios, materiales de construcción y Dios sabe qué más.

Se tropezó. La cuarta vez en la noche. La primera fue molesta e instantáneamente graciosa. La segunda se quedó en molesta. A la tercera no le dio importancia y a esta última la miraba como lo menos que podría pasar.

Llego a un lugar conocido; justo en medio del Zoológico Nacional. Lo pudo reconocer por el puente colgante que estaba sobre su cabeza. A través de las hendeduras entre tabla y tabla podía ver las estrellas y parte de la luna que cada año se va alejando más y más. A lo lejos podía escuchar a algunos animales del zoológico, hablando entre sí, pensaba Carlos.

Un ruido lo asustó y lo puso alerta. Miró hacia adelante y vio el pequeño puente que estaba sobre el río. Un pequeño puente de dos carriles en doble sentido y que ya no forma parte del Zoológico sino ya de las calles de San Salvador. Carlos podía ver dos sombras, dos personas; un hombre y una mujer sobre viendo hacia abajo al río. Carlos se quedó quieto en espera. Unos segundos después, el hombre dejó caer una bolsa. No era nada de qué preocuparse, sólo se trataba de alguna pareja deshaciéndose de la basura de su hogar. Carlos esperó a que se fueran, luego diez minutos más. Después subió como pudo al puente y siguió su escape ya sobre la calle.

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