El Encuentro – 2: Laura

“Su novio tiene una gran suerte” – dijo el guardia de la universidad mientras miraba el trasero de Laura. Lo que menos soportaba ella, era el típico macho salvadoreño que le decía cosas; sin embargo, Laura era quien decía la última palabra, usualmente, una grosería.

Era domingo y tenía la desdicha de ir a clases en la universidad muy temprano. Ella ya se había acostumbrado, además, era su último ciclo en su carrera de periodista, licenciatura en comunicaciones. Lo único que lamentaba hoy era tener el carro en el taller, con suerte al día siguiente se lo darían. Llegó a la parada de buses y abordó la que le llevaría a un centro comercial donde se vería con alguien.

Dos paradas después que Laura abordó el bus, se subieron dos sujetos: por su apariencia eran ladrones. Laura estaba tranquila, siempre era precavida y se guardaba las prendas de valor antes de abordar algún medio de transporte público. Bastaron unos segundos para confirmar las intenciones de los dos sujetos. Uno de ellos se sacó un arma del cinturón y debajo de su camisa holgada, mientras el otro hablaba. Laura no les prestaba mucha atención, ya sabía la rutina y en cierta forma no tenía miedo. Ese era el secreto: no mostrarles miedo. En el bus había no más de diez pasajeros, delante de Laura, cuatro. Cuando llegó su turno, Laura le dio unos cuantos dólares. El ladrón con cara y tono mandatorio le exigió que le diera el teléfono celular. Ella negó cargar celular mientras miraba justo a los ojos del ladrón.

Ninguno de los dos ladrones parecía ser peligroso o incluso ladrones de verdad. Lo más probable es que eran dos tipos normales, incluso con empleo, pero pasando por un muy mal rato. El que portaba el arma parecía de unos cuarenta y algo años. Un guardia de seguridad quizá, he ahí de dónde proviene el arma. El otro quizá era su hijo o su sobrino. Laura notó que no era ira lo que había en los ojos de los sujetos, sino preocupación.

“Es todo lo que ando” – dijo Laura. El cruce de miradas duró unos dos o tres segundos y luego el ladrón caminó hacia el siguiente pasajero. A pesar del valor que tenía Laura, su corazón latía muy rápido y fuerte. Ese pequeño momento de conversación que tuvo con el ladrón pareció eterno. Siempre parece eterno. Pareciera como si todo se detuviera, no existe otro sonido más que su voz y la del ladrón. No hay nadie más que ellos y un arma de por medio; eso es todo lo que Laura puede percibir en esos momentos.

Nunca la han herido ni lastimado. En primer lugar por la seguridad que demuestra al hablar con los ladrones que le han intentado asaltar y en segundo lugar porque ella sabe cómo defenderse. Lo ha sabido desde hace unos veinte años.

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